EL MENTIDERO DE LOS COMEDIANTES. ANÉCDOTA 42: EL BURLADOR DE SEVILLA O CUÁNTAS ANÉCDOTAS PUEDEN CABER EN UNA HISTORIA VIII.

Hola amigos del blog: nortonteatro.blog. yo soy Nortan Palacio, conocido artísticamente y en las bacanales del Conde de Villamediana como Norton. p.

HEME AQUÍ EN OTRA ESCENA DE EL BURLADOR DE SEVILLA DE TIRSO DE MOLINA INTERPRETANDO A ANFRISO.

EL MENTIDERO DE LOS COMEDIANTES ANÉCDOTA 42.

Viernes 8 de abril de 2022.

EL BURLADOR DE SEVILLA O CUÁNTAS ANÉCDOTAS PUEDEN CABER EN UNA HISTORIA VII

Entre los personajes históricos que venimos presentando como posibles prototipos del don Juan Tenorio de El burlador de Sevilla; hay uno que no puede ser más de Mentidero que el que vamos a documentar hoy ‒ya iremos viendo por qué‒.

Se trata del Conde de Villamediana. Perdónenme, pero desde ya les «espoilo» ‒si así se pudiese decir‒ que tampoco de éste se puede asegurar que sea el original del que se creó el modelo (mito), aunque tiene unas similitudes que no dejan de ser impresionantes: vamos, que podría ser, pero no hay pruebas concluyentes.

Lo que quiero decir es que no me importa avanzar que no es el antecedente real porque este personaje tiene tanta sustancia en su biografía que, aunque tendría muchas papeletas para ser el auténtico Don Juan, da igual que no lo sea; lo importante son las muchas vidillas que vivió y que nos han documentado bastantes estudiosos. Nos valdremos de las obras Don Juan. Ensayos sobre el origen de su leyenda del filósofo Gregorio Marañón, del discurso de entrada en la RAE del poeta Luis Rosales titulado Pasión y muerte del Conde de Villamediana en 1964, de un artículo del dramaturgo y director Ángel Facio en la revista Primer Acto de 1992 y de un artículo del profesor Jesús Fernando Cáseda: El Maestro Tirso de Molina y don Juan de Tarsis de Malinas (Conde de Villamediana). Una lectura en clave en la revista Hipogrifo de 2019. Como veis, documentado a través del tiempo y de estudiosos de distintas disciplinas. No os lo perdáis.

Juan de Tassis y Peralta. II Conde de Villamediana (Lisboa[1] 1582-Madrid 21 de agosto de 1622). Creció en el entorno palaciego pues su padre, de la nobleza castellana, era Correo Mayor de su majestad. Además de noble, nuestro Don Juan (el nombre también le venía al dedillo) llegó a ser poeta y tuvo dos periodos en su trayectoria literaria; uno petrarquista o cortesano y otro gongorino o culterano; pero además llegó a escribir una comedia: La gloria de Nicea (quédense con este título porque a su alrededor también hay bastante que saber). Ya vamos adivinando ciertos rasgos interesantes.

Tuvo una educación basada en el humanismo, lo que demostraría en sus poesías; era un caballero de gran porte y elegancia; asistía a las grandes ceremonias de palacio, comitivas, corridas de toros en la Plaza Mayor y entradas reales: siempre encaramado en un corcel blanco cubierto de oro o de plata como si fuese un príncipe de cuentos. Dice Gregorio Marañón que sus contemporáneos coincidían en ponderar su garbo y su belleza física y que una dama francesa que lo conoció, a la que Marañón califica de «ya vieja y todavía pinturera», decía de él: «Era el caballero más perfecto de cuerpo y de espíritu que se ha visto jamás. Su memoria estará viva siempre en el corazón de todos los amantes» por todo esto era admirado por muchas mujeres -y también hombres- de la Corte.

Pero claro, esto no le impedía ser un gran canalla: calavera, jugador, pendenciero, libertino, amante del lujo, de los naipes, de las piedras preciosas y de los caballos, embaucador (se dice que también maltratador) de las damas a las que conquistaba con versos amatorios; y todo esto a pesar de que estaba casado con otra noble: Ana Mendoza de la familia de los Hurtado de Mendoza, a quién hacía menos caso que a sus caballos.

RETRATO DE JUAN DE TASSIS. II CONDE DE VILLAMEDIANA.

Además, zahería a todo el que se le oponía con versos satíricos, escritos con una mordacidad y crueldad que algunos han llegado a comparar con la poesía satírica de Quevedo. Las injurias las dirigía sobre todo contra las damas que no se plegaban a sus requiebros y contra otros nobles; dejando en evidencia, por conocerlos bien, sus bajezas, vicios o vilezas; además contra los esposos de las damas a las que había burlado o contra aquellos que le hubiesen ganado en el juego o con quien se hubiese batido en duelos. Una joya, vamos.

Claro, por esto estuvo desterrado tres veces (en tiempos de Felipe III) de la Corte: una en Sevilla, otra en algún lugar de Francia o de Flandes (no está documentado) y una tercera en Nápoles[2]. Estando en Nápoles envió un soneto al concurso poético que la Villa de Madrid había encargado de organizar a Lope de Vega, para celebrar la canonización de San Isidro Labrador (Nativo de Madrid y después su patrono). En este concurso, al que casualmente también se presentó Tirso de Molina, Villamediana se llevó el primer premio (estando desterrado)[3].

Cuando regresaba de sus destierros era el protagonista de todas las situaciones escabrosas que se contaban en los Mentideros (ahora lo vamos entendiendo) de Madrid además era perseguido por sus muchas deudas de juego que le obligaban a vender algunos de sus títulos. A su regreso de Nápoles en 1621 ya había muerto Felipe III y reinaba Felipe IV, casado con su primera esposa la jovencísima Isabel de Borbón, recién llegada de Francia[4].

Uno de los mayores escándalos en los que se vio envuelto el Conde fue un rumor que circulaba por la corte y que decía que Villamediana era amante de la Reina Isabel de Borbón. Rumor que él nunca se encargó de desmentir, silenciar ni aclarar, sino todo lo contrario. Marañón no cree que el romance hubiese existido, sino que la reina en su ingenuidad se dejaba halagar por Villamediana; por sus modales, galas y poemas.      

Tanto gustaba la Reina de la escritura del Conde, que en uno de los retiros de la Corte al palacio de Aranjuez le pidió que escribiera una obra para que pudiesen representarla ella y sus damas y así alegrar sus ánimos durante los días de asueto. Villamediana escribió entonces la mencionada La gloria de Nicea. En el estreno, en un momento en que estaba la reina en escena, se produjo un incendio; todos corrieron desesperados olvidándose los unos de los otros y a Villamediana le tocó en gracia salvar a la Reina, pues era quien la tenía más a mano: la bajó por las escaleras del escenario y la llevó en volandas hasta la puerta de su estancia. Lo que se decía en los Mentideros era que el duque había pagado a uno de los tramoyistas para que dejara caer una de las lámparas de aceite en el momento en el que él le ordenara (era el momento en el que estaba más cerca de la reina y así sería el primero en acceder a ella) y que además en el trayecto desde el escenario hasta las dependencias de los reyes le besó un pie ‒escándalo monumental y posible pena de muerte para el osado‒ pero esto nunca se pudo comprobar. Felipe IV no actuó, aunque los rumores ya eran vecinos de sus oídos, sobre todo, por los comentarios malintencionados de su Valido: el poderoso Conde-Duque de Olivares.

Una de las mayores osadías que llegó a hacer fue presentarse en una fiesta de cañas y toros en la Plaza Mayor, ataviado con vestido de oropel y piedras preciosas y con un emblema[5] que rezaba: «mis amores son reales» que todos entendieron que sus amores llegaban hasta la realeza en la figura de la Reina. Sin embargo, Gregorio Marañón sostiene que realmente estaba enamorado de una dama de la Reina llamada Francisca de Tavara, una mujer, al parecer de extraordinaria belleza, de la que se dice que fue la única de la que Villamediana estuvo «realmente» enamorado

Otra de las cosas que Villamediana dejaba correr para que los rumores continuaran ‒pues era un gran agitador‒ era el seudónimo de la amada a quien escribía sus versos en esa época; a la que nombraba: «Francelisa». Todos suponían que era un anagrama de la reina: «la francesa» y aquí vuelve a interceder Gregorio Marañón por el Duque, diciendo que el anagrama también podría ser por «Francisca» de Tavara.

De cualquier manera, siempre se sostuvo que estos atrevimientos, por una o por otra mujer: (la Reina o Francisca) le costaron la vida; ya que fue asesinado de un pistoletazo una noche en que iba en un coche por la calle Arenal de Madrid. Todos concluyeron que había sido por orden del Rey; ya que Felipe IV también era amante de la hermosa Francisca de Tavara[6]. Tanto se creía esto, que circularon muchos poemas hablando de este asesinato acusando al Rey, siempre de forma velada, y la que contó con más fama fue una décima que se atribuye a veces a Quevedo, a Góngora, y hasta al mismo Lope de Vega que dice:

Mentidero[7] de Madrid,

decidnos: ¿quién mató al conde?

Ni se dice, ni se esconde.

Sin discurso discurrid.

Unos dicen que fue el Cid,

por ser el conde lozano;

¡disparate chabacano!,

pues lo cierto de ello ha sido

que el matador fue Bellido

y el impulso soberano

Pero la cosa no era así de sencilla, pues ahora viene quizá lo más sorprendente: el Conde de Villamediana ‒¡Oh, sorpresa!‒ también gustaba de los hombres. En 1622 y, precisamente, a raíz de la investigación por su muerte se descubrió un escándalo de homosexualidad que implicaba a gran numero de personas de Madrid, de todos los estamentos: Criados, bufones de nobles, y algunos de los mismos nobles fueron apresados pues en aquella injusta época «el pecado nefando», como se llamaba a la homosexualidad, estaba penado y se castigaba ‒cruelísimo castigo‒ con la hoguera. En los documentos encontrados se descubrió que Villamediana era el que organizaba los encuentros y las fiestas para que, secretamente, se juntasen -y allí no había diferencias de clase‒ hombres con hombres. En lo que sí hubo diferencias de clases fue en los castigos: los humildes fueron quemados en la plaza mayor y a los de alta cuna se les permitió huir a Italia y a Francia. Villamediana ya era cadáver; sin embargo, nunca se relacionó su nombre con este proceso y casi nadie supo que era parte importante de él. 

¿Cómo pudo ser?: los documentos encontrados tres siglos después demuestran sin duda ninguna que él era la cabeza de este grupo y que esa fue la más que posible causa de su asesinato, pero se quedó fuera de la maldiciente habladuría [8] precisamente por orden de ‒¡nueva sorpresa!‒ el Rey Felipe IV. En la documentación hallada también hay una cédula real en la que el monarca ordena: «Por estar el Conde ya muerto, se guarde el secreto de lo que contra él hay, para no infamar su memoria». Así se sostiene que el Rey no ordenó su asesinato. Aunque Ángel Facio afirma que el Rey pudo haber ordenado su asesinato y a la vez no hacerlo pasto de las habladurías, pues una cosa no está reñida con la otra.

Una cuestión que llama nos impresiona en la sorpresa final del personaje de esta anécdota, es que incluso esto podría ser causa de acercarlo más a un prototipo de Don Juan Tenorio; ya que, aunque en tiempos mas cercanos a los nuestro, muchos investigadores (sobre todo, filósofos y psicoanalistas) intentan demostrar que esa ansia por burlar a todas las mujeres que se le pongan por delante no es más que una pulsión escondida de una homosexualidad latente en nuestro famoso Burlador de Sevilla.

Esta vez nos hemos excedido de espacio, pero el personaje lo merecía; aunque os puedo prometer que los otros dos, que vamos a traer a este anecdotario, tampoco le van a la zaga.

Nos vemos la próxima semana.     


[1] No era de familia portuguesa, sino que sus padres, que pertenecían al séquito real, se habían trasladado a Lisboa para acompañar a Felipe II y al Duque de Alba a la aceptación de Felipe II como Rey por las Cortes portuguesas en diciembre de 1581 y estuvieron allí hasta febrero de 1583, así fue a nacer en esta ciudad por casualidad.

[2] Aquí está bien recordar que Don Juan tenorio, como don Juan Tassis (Marañón es gustoso de esta coincidencia de nombres, para declararlo posible original) también estuvo desterrado y que su peregrinación en la comedia burlando mujeres empieza en Nápoles

[3] Jesús Fernando Cáseda opina que en su destierro sevillano coincidiría con Tirso de Molina y que, de su frustración, por haberle ganado en la justa poética estando desterrado, nació una inquina que lo llevaría a tomarlo como modelo de su Don Juan Tenorio.

[4] En una anécdota anterior dijimos que fu quien introdujo la dinastía Borbón en España

[5] Los caballeros que toreaban o lanceaban en estas fiestas solían llevar estos emblemas, muchas veces para enviar mensajes a damas o para anunciar bodas, nacimientos, etc.

[6] Otro que podría ser un arquetipo de Don Juan Tenorio, pero los investigadores no andan tras sus pistas. Es lo que tiene ser Rey; que eres inviolable.

[7] Volvemos a recordar lo que decíamos al principio.

[8] Algunos rumores hubo, que se pueden ver en coplillas anónimas a las que no tenemos espacio de incluir esta vez. Quizá en otra ocasión.

Publicado por nortonteatro

Soy Actor, dramaturgo, docente de teatro, filólogo, y doctor en investigación literaria y teatral con una tesis doctoral titulada: El teatro de Quevedo (una aproximación pragmática). Fui miembro fundador de la Compañía Corrales de Comedias Teatro en 1994 y he trabajado con ésta en el corral de Comedias de Almagro por más de 25 años; pertenezco al comité artístico de la Fundación Teatro Corral de Comedias; organizo el Festival de Autos Sacraméntales FAUS; estoy especializado en realizar versiones de entremeses de Cervantes y Quevedo y en escribir piezas breves de carácter barroco (casi todo en verso) para acompañar algunos espectáculos de la compañía: como la Loa al Teatro Breve, Loa a los entremeses de Cervantes, Loa al Auto Sacramental La Hidalga del Valle de Calderón de la Barca, Loa al Carro de los Cómicos o la Mojiganga para el Auto Sacramental El labrador de la Mancha de Lope de Vega.

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